gato tumbado

Los gatos tienen fama de independientes, tranquilos y dueños absolutos de la situación. Sin embargo, los que convivimos con ellos sabemos que son animales muy sensibles a cualquier cambio. Un mueble nuevo, una visita, una mudanza, la llegada de otro animal o incluso cambiar el tipo de arena puede hacer que nuestro pequeño felino se sienta inseguro. ¡Y no sabes la de problemas que puede acarrear el estrés en los gatos!

A diferencia de los perros, los gatos suelen ocultar muy bien su malestar. Muchas veces pensamos que simplemente está “más raro” o que tiene “mal carácter”, cuando en realidad está sufriendo.

El problema es que el estrés no solo afecta al comportamiento del gato, también puede terminar provocando enfermedades importantes. Por eso es fundamental aprender a reconocer las señales, actuar cuanto antes y conocer las herramientas adecuadas.

¿Qué puede estresar a un gato?

Cada gato es diferente y lo que para uno no supone ningún problema puede resultar muy estresante para otro. Zelda, por ejemplo, se pone muy nerviosa cuando viene alguien a casa. En cambio, Link es de esos gatos que salen corriendo a cotillear quién ha entrado.

Entre las causas más frecuentes de estrés en gatos encontramos:

  • Cambios en la rutina.
  • Mudanzas o reformas.
  • La llegada de otro gato, perro o bebé.
  • Falta de recursos en casa, especialmente si conviven varios gatos.
  • Ruidos intensos como petardos, tormentas o aspiradoras.
  • Cambios en la ubicación del arenero, comedero o rascador.
  • Visitas al veterinario.
  • Pasar demasiadas horas solo.
  • Ambientes poco enriquecidos, sin lugares donde esconderse o trepar.
  • Conflictos con otros gatos.

Los gatos necesitan tener sensación de control sobre su territorio. Cuando sienten que no pueden predecir lo que ocurre a su alrededor aparece la ansiedad y el estrés.

Síntomas de estrés en gatos

Muchas veces el estrés en el gato no se manifiesta de forma evidente. No siempre vamos a encontrarnos con un gato escondido o bufando. De hecho, algunos gatos responden volviéndose más pegajosos, más demandantes o incluso más dormilones.

Estas son algunas de las señales más frecuentes que nos indican que nuestro gato puede estar estresado, pero ¡Cuidado! En todos los casos hay que descartar en primero lugar problemas de salud, si el gato está sano podemos empezar a sospechar que se trata de estrés.

Cambios en el comportamiento

Un gato que de repente se esconde más de lo habitual, deja de venir a saludarnos o evita determinadas habitaciones puede estar intentando alejarse de aquello que le genera miedo.

También puede ocurrir lo contrario: que se vuelva excesivamente dependiente y nos siga a todas partes.

Otros cambios habituales son:

  • Irritabilidad o agresividad.
  • Maullidos excesivos.
  • Estar más inquieto de lo normal.
  • Hipervigilancia, sobresaltándose por cualquier cosa.
  • Dormir menos o descansar en lugares extraños.

Problemas con el arenero

Uno de los síntomas más habituales de estrés es que el gato deje de utilizar el arenero correctamente. Puede empezar a hacer pis fuera, defecar en lugares extraños o marcar con pequeñas cantidades de orina paredes, puertas o muebles.

Cuando esto ocurre solemos pensar que lo hace “por venganza”, pero un gato no actúa así. En la mayoría de las ocasiones está intentando decirnos que algo no va bien. ¡Aunque siempre habrá que descartar en primer lugar problemas de salud!

Cambios en la alimentación

El estrés puede hacer que el gato pierda el apetito o, por el contrario, que coma más de lo habitual. Algunos gatos dejan de comer durante horas o incluso días cuando hay un cambio importante en casa.

Esto es especialmente preocupante porque los gatos no toleran bien los periodos largos de ayuno y dejar de comer puede provocar problemas graves como una lipidosis hepática, sobre todo en gatos con sobrepeso.

Acicalado excesivo

Muchos gatos se lamen no solo para acicalarse si no también para relajarse, pero cuando el estrés es intenso pueden hacerlo de manera obsesiva. Esto puede terminar provocando calvas, heridas o zonas sin pelo, especialmente en la barriga, las patas o los flancos.

En otros casos ocurre justo lo contrario y el gato deja de acicalarse, por lo que el pelo se ve más sucio, apelmazado o con caspa.

Problemas digestivos

El aparato digestivo es uno de los primeros en verse afectado por el estrés. Algunos gatos presentan:

  • Vómitos frecuentes.
  • Diarrea.
  • Estreñimiento.
  • Náuseas.
  • Dolor abdominal.

Si estos síntomas aparecen de forma repetida es importante acudir al veterinario, ya que detrás puede haber tanto un problema físico como un episodio de estrés importante.

Patologías que puede provocar el estrés en el gato

Aunque a veces minimizamos el problema, el estrés mantenido puede tener consecuencias muy serias sobre la salud.

Cistitis idiopática felina

Es una de las enfermedades más relacionadas con el estrés. El gato presenta molestias al orinar, hace pequeñas cantidades, puede maullar dentro del arenero o incluso aparecer sangre en la orina.

En muchos casos no existe una infección ni un cálculo, sino una inflamación de la vejiga provocada por el estrés.

Además, en los machos esta situación puede llegar a ser especialmente peligrosa porque existe mayor riesgo de obstrucción urinaria, una urgencia veterinaria.

Problemas digestivos crónicos

El estrés puede alterar la flora intestinal y favorecer episodios repetidos de diarrea, vómitos o colon irritable. Algunos gatos especialmente sensibles desarrollan gastritis o empeoran enfermedades digestivas que ya padecían.

Bajada de defensas

Un gato sometido a estrés constante puede tener el sistema inmunitario debilitado. Esto hace que sea más fácil que aparezcan infecciones, recaídas de herpesvirus felino o aumento de la sintomatología de alergias por ejemplo.

Problemas dermatológicos

El acicalado compulsivo no solo produce calvas. También puede dar lugar a dermatitis, heridas e infecciones en la piel. En ocasiones el propietario piensa que se trata de una alergia cuando realmente el origen es emocional.

Dolor y problemas musculares

Igual que nos ocurre a nosotros, vivir en tensión continua puede hacer que el gato tenga el cuerpo rígido, esté menos activo o se mueva peor. Esto puede ser especialmente evidente en gatos mayores o con artrosis, ya que el estrés empeora su percepción del dolor.

Cómo evitar o reducir el estrés en los gatos

estrés gatos

La buena noticia es que en muchos casos podemos ayudar muchísimo a nuestro gato con pequeños cambios en casa.

Mantén una rutina estable

Los gatos son animales de costumbres. Intenta mantener horarios parecidos para la comida, el juego y la limpieza del arenero. Si va a haber un cambio importante, como una mudanza o la llegada de otro animal, procura hacerlo de forma gradual.

Aumenta los recursos

Cuando conviven varios gatos es muy importante que haya suficientes recursos para todos.

Recuerda la regla básica:

  • Un arenero por gato más uno extra.
  • Varios bebederos y comederos, separados entre si.
  • Diferentes rascadores.
  • Camas y escondites repartidos por la casa.

De esta manera evitaremos competencia y conflictos.

Enriquece el ambiente

Un gato aburrido o que no puede expresar su comportamiento natural tiene muchas más probabilidades de sufrir estrés.

Pon estanterías, rascadores altos, cuevas, cajas de cartón o lugares junto a la ventana desde los que pueda observar el exterior.

Dedicar unos minutos al día a jugar con él también marca una gran diferencia. Los juguetes tipo caña, las pelotas o los comederos interactivos ayudan a que se relaje y gaste energía.

Respeta sus espacios

Si tu gato se esconde o quiere estar solo, no le obligues a salir ni a interactuar. Necesita sentir que tiene un lugar seguro al que acudir cuando algo le asusta. Es especialmente importante enseñar a los niños a respetar esos momentos.

Utiliza feromonas felinas

Las feromonas felinas son una gran ayuda cuando nuestro gato está nervioso, hay cambios en casa o queremos prevenir situaciones estresantes.

Estas sustancias imitan las feromonas que el propio gato libera cuando se siente seguro y tranquilo. Al percibirlas, muchos gatos reducen su ansiedad y se adaptan mejor a los cambios.

Podemos encontrarlas en formato difusor o spray. Uno de nuestros favoritos es Zenifel, pensado para ayudar a reducir el estrés y favorecer una sensación de calma.

Zenifel puede ser especialmente útil en situaciones como:

  • Mudanzas.
  • Llegada de un nuevo gato.
  • Viajes o visitas al veterinario.
  • Petardos y tormentas.
  • Gatos que marcan con orina.
  • Problemas de convivencia entre gatos.

Eso sí, aunque las feromonas ayudan mucho, no hacen milagros por sí solas. Deben acompañarse siempre de cambios en el entorno y de una correcta gestión de la causa del estrés.

Cuándo acudir al veterinario o etólogo

Si tu gato deja de comer, orina fuera del arenero de forma repentina, se lame hasta hacerse heridas o su comportamiento cambia mucho, es importante acudir al veterinario.

Antes de pensar que todo es estrés hay que descartar enfermedades físicas. Si una vez descartados los problemas médicos el estrés continúa, un etólogo felino puede ayudarte a identificar la causa y diseñar un plan para solucionarlo.

Muchas veces normalizamos ciertas conductas porque “es así” o “siempre ha tenido mal carácter”, pero detrás suele haber un gato que no se siente seguro.

Aprender a escuchar sus señales y adaptar el entorno a sus necesidades hará que tengamos un gato mucho más tranquilo, sano y feliz.

por Celia

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