gato no come

Puede que hayas escuchado que un gato no puede estar mucho tiempo en ayunas. Si un gato no come durante más de dos días puede sufrir una lipidosis hepática que puede llegar a ser fatal, por eso es importante conocer esta enfermedad, porqué se produce y cómo actuar.

¿Qué es la lipidosis hepática?

La lipidosis hepática felina, también conocida como “hígado graso en gatos”, es una de las enfermedades del hígado más frecuentes en gatos caseros. Lo que ocurre es que las células del hígado (los hepatocitos) se llenan de grasa hasta un punto en que el órgano no puede cumplir su función con normalidad.

Este cuadro suele desencadenarse cuando el gato deja de comer o reduce drásticamente su ingesta y, en consecuencia, comienza a movilizar sus reservas grasas para mantener energía. Pero su hígado no está pensado para metabolizar tanta grasa de golpe: la acumulación se vuelve un problema.

Por eso, una pérdida de apetito prolongada o repentina es una alerta roja: el animal deja de comer, el cuerpo tira de reservas, el hígado se sobrecarga y deja de funcionar. Cuando esto sucede, los signos clínicos pueden desarrollarse de forma bastante rápida, y si no se actúa, el pronóstico se complica.

La causa: lipidosis hepática primaria o secundaria

Cuando hablamos de lipidosis hepática en gatos es importante diferenciar entre primaria y secundaria, ya que esto nos ayuda a entender mejor el origen y planificar el tratamiento.

Lipidosis hepática primaria

Se denomina “primaria” cuando no se detecta una enfermedad subyacente clara que haya provocado la anorexia o hiporexia del gato. Es decir: un gato que estaba aparentemente sano, que deja de comer (por ejemplo, por estrés, cambio de dieta, nuevo entorno) y entra en un desequilibrio energético que termina provocando la acumulación grasa hepática.

Aunque este escenario puede ocurrir, no es el más frecuente. ¿Por qué? Porque normalmente la causa de que un gato deje de comer tiene que ver con otro problema que ya está ahí.

Lipidosis hepática secundaria

La manera más habitual de ver la lipidosis hepática es secundaria a otra enfermedad que provoca anorexia o hiporexia prolongada. Por ejemplo: enfermedades pancreáticas, intestinales, renales, metabólicas (diabetes), neoplasias, estrés severo…

Este tipo es el que más se observa en la práctica, dado que muchas veces hay un problema “primario” que desencadena el ayuno o la mala ingesta, y eso es el disparador para que el hígado se vea obligado a movilizar grasa y se acabe sobrecargando.

¿Cuáles son los síntomas?

Vamos a ver diferentes síntomas que pueden hacerte sospechar, pero si aprecias que tu gato de repente dejad de comer no debes esperar a notar otras alteraciones en su conducta: llama directamente a tu veterinario porque cuanto antes actúes, mejor será el pronóstico.

  • Hiporexia o anorexia: el gato deja de comer
  • Pérdida de peso visible, a veces rápida. Afecta especialmente en gatos que antes tenían sobrepeso.
  • Letargo, debilidad, decaimiento general.
  • Ictericia: color amarillento en la piel, mucosas y parte blanca de los ojos.
  • Hepatomegalia (hígado agrandado) no siempre doloroso, pero palpable en algunos casos.
  • Vómitos, náuseas, a veces diarrea o estreñimiento.
  • En casos muy avanzados, problemas de coagulación, ascitis (líquido en abdomen) o incluso alteraciones del sistema nervioso por fallo hepático.

Un dato importante: la anorexia de tan solo unos días en un gato (sobre todo si sufre sobrepeso) ya es motivo de alerta. Se describe que partir de 2-7 días sin ingesta puede poner en marcha el proceso de lipidosis.

Diagnóstico. Cómo detectar problemas si tu gato no come

El diagnóstico de la lipidosis hepática requiere una combinación de historia clínica + exploración + pruebas complementarias. En primer lugar el veterinario recogerá información sobre cuánto tiempo lleva sin comer, si ha habido pérdida de peso, si ha habido cambios de entorno, cambios en la dieta, estrés, si existe antecedente de otra enfermedad…

La exploración puede revelar ictericia, agrandamiento del hígado, deshidratación, etc. Pero si el veterinario sospecha de esta enfermedad pedirá un conjunto de pruebas para asegurarse de cuál es el problema y qué lo está causando.

  1. Analítica sanguínea
    Los análisis de sangre suelen mostrar alteraciones en las enzimas hepáticas, bilirrubina elevada, desequilibrio de proteínas plasmáticas, electrolitos, anemia…
  2. Ecografía abdominal
    Permite visualizar el hígado, su tamaño, textura, presencia de grasa, ver si hay cambios en la vesícula biliar y otras estructuras asociado. Así se apoya el diagnóstico.
  3. Confirmación por citología o biopsia hepática
    Para tener el diagnóstico definitivo se suele recurrir a una aspiración con aguja fina guiada por ecografía o incluso una biopsia quirúrgica, donde se observa la acumulación excesiva de triglicéridos en los hepatocitos
  4. Evaluación de la causa subyacente
    Ya que muchas veces la lipidosis es secundaria, es fundamental investigar si hay enfermedad pancreática, intestinal, renal, metabólica, etc. Esto condiciona el tratamiento y el pronóstico.

En definitiva: no es suficiente con confirmar que el gato no come y el hígado esta agrandado, hay que hacer un chequeo serio para descartar causas, valorar el alcance del daño hepático y actuar con rapidez.

Tratamiento a seguir

gato comiendo

El tratamiento de la lipidosis hepática en gatos es intensivo, pero tiene buenas posibilidades de éxito si se actúa rápido. El pilar fundamental del tratamiento será una correcta nutrición. Dado que el origen muchas veces es la falta de ingesta, lo primero es lograr que el gato reciba las calorías y proteínas que necesita.

En muchos casos se coloca una sonda de alimentación (nasoesofágica o esofágica) para asegurar la ingesta en un primer momento, de esta forma nos aseguramos de que la alimentación es equilibrada, con aporte proteico adecuado, y adaptada al estado del gato. Posteriormente se debe ir introduciendo la alimentación oral aunque se complemente por la sonda.

Además, en algunos casos hace falta un tratamiento de soporte para que todo avance adecuadamente:

  • Hidratación y corrección de electrolitos: muchos gatos están deshidratados o con alteraciones químicas.
  • Control de vómitos, náuseas: puede hacerse mediante medicación según criterio veterinario.
  • Control de complicaciones: si hay ictericia, alteraciones de coagulación, ascitis, etc., se trata de manera complementaria.

Tratamiento de la enfermedad subyacente

Si la lipidosis es secundaria, además de poner remedio urgente a la falta de alimento, hay que tratar la causa base: por ejemplo, pancreatitis, enfermedad renal, neoplasia, etc. Si no se aborda el gato continuará con los síntomas, entre ellos la anorexia.

Monitorización y cuidado continuado

El gato debe estar bajo control veterinario, con revisiones periódicas para asegurar que la ingesta mejora, que el hígado responde (mejora analítica) y que la condición general va recuperándose. El pronóstico es bastante bueno si se actúa a tiempo: se indica que la recuperación alcanza tasas del 80-88 % en gatos tratados precozmente.

Consejos para la casa

  • Evitar cambios bruscos de dieta, situaciones de estrés, nuevos compañeros (animales) u otros estímulos que puedan provocar una anorexia.
  • Controlar el peso del gato: los gatos con sobrepeso tienen mayor riesgo.
  • Si el gato deja de comer más de 24 horas, consultar al veterinario sin esperar. La rapidez salva vidas.

Nuestra experiencia

Link acaba de pasar por una lipidosis hepática por un rechazo del pienso. Pese a que llevábamos más de un año con esta dieta y el cambio se hizo progresivo, la falta de fibra en el pienso le produjo vómitos por bolas de pelo y ese malestar lo llevo a comer cada vez menos.

Al notar pérdida de peso y que intentaba robar otro tipo de comida, pasamos por el veterinario para un chequeo completo en el que nos recomendaron hacer una analítica y ecografía en la que detectaron la lipidosis hepática que confirmaron con una citología.

El resto de pruebas daban bien y, cómo intuíamos que el problema era el pienso pero el alimento húmedo completo lo aceptaba muy bien comenzamos a darle exclusivamente comida húmeda COMPLETA (esto es esencial para que lleve todas las vitaminas y la taurina necesarias en su dieta) y complementarla con comida complementaria en sopa para mejorar la hidratación.

En solo unos días confirmamos que estaba cogiendo peso y recuperándose correctamente. Por suerte habíamos pillado la enfermedad en un estado inicial y no había ninguna patología subyacente que la estuviese provocando.

Ahora tenemos que intentar introducir de nuevo otro tipo de pienso, pero intentando que Zelda no lo coma por sus problemas de alergias y de artrosis, pero eso es otro asunto que hemos tratado en diversas ocasiones.

por Celia

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *