La primera vez que fuimos de camping cometí muchos errores, pero aun así la experiencia fue tan increíble que no hemos dejado de hacerlo desde entonces. Aun así, te cuento cuales fueron nuestros fallos para que no te pasen a tí.
Al salir estaba convencida de que llevaba todo lo necesario. Había hecho listas, había visto vídeos, había leído consejos y pensaba que no se me escapaba nada. Pero bastaron un par de días para darme cuenta de que una cosa es preparar un viaje desde casa y otra muy distinta vivir la experiencia.
Lo curioso es que ninguno de los errores que cometimos fue realmente grave. No olvidamos documentación, ni nos faltó nada esencial, ni ocurrió ninguna catástrofe. Fueron esos pequeños detalles que, cuando nunca has ido de camping, ni siquiera imaginas que puedan ser importantes pero hacen tu vida mucho más cómoda.
Nuestros errores en el primer camping
Llevar demasiada ropa
Creo que este es el error más común de todos y pese a que lo había leído en mil sitios, caí en él y llevé muchos »porisacasos». Cuando preparé las maletas imaginé conjuntos para cada día, ropa para salir a cenar, otra para pasear, otra «por si refrescaba», otra «por si hacía demasiado calor»… En definitiva, llenamos la maleta hasta arriba.
¿La realidad? Nos pasamos prácticamente todas las vacaciones en bañador, con un pantalón corto y una camiseta cómoda.
Cuando estás en un camping el ambiente es completamente diferente al de un hotel o un apartamento. La comodidad pasa a ser lo primero y nadie va pendiente de cómo vas vestido. Ahora llevo mucha menos ropa y mucho más práctica. Además de ahorrar espacio, también tardo mucho menos en recoger y organizar todo.
Además, ya no olvido algo esencial ¡En los camping hay lavadora! Si son pocos días llevo ropa justa, pero si son muchos llevo para la mitad de ellos y cuando necesito pongo una lavadora y solucionado.
No llevar un cesto para fregar
Este fue uno de esos errores que no descubrimos hasta la primera comida. Terminamos de comer, recogimos la mesa y entonces llegó la pregunta:
—¿Y ahora cómo llevamos todos los platos hasta el fregadero?
Fuimos haciendo varios viajes sujetando platos, vasos y cubiertos como pudimos. Nada práctico. Mientras veíamos a los demás equipados con sus cestas para la vajilla…
Desde entonces siempre llevamos un cesto de plástico. En él colocamos toda la vajilla sucia, el estropajo, el jabón y el paño de cocina. Llegamos al fregadero con todo organizado y, cuando terminamos, volvemos igual de cómodos.
Es un accesorio muy sencillo, ocupa poco espacio y facilita muchísimo el día a día. Puedes optar por la versión básica o por una con carrito, lo que sea más cómodo para ti. Nosotros además, cuando nos quedamos varios días, solemos llevar un escurridor que colocamos en la mesa para que la vajilla se seque antes.
Escoger una parcela con poca sombra
Más que escoger, aceptamos la que nos dieron. Con los años hemos averiguado que al llevar al camping, si ves que la parcela no te convence, en muchas ocasiones te dan opciones para cambiarte.
Ese año, nosotros no pensamos demasiado en la sombra y fue un gran error. Debes anticiparte y pensar en como irá variando la posición del sol a lo largo del día para tener algo de sombra en todo momento.
Durante buena parte del día el sol daba directamente sobre nuestra parcela. La mesa estaba caliente, la furgo acumulaba muchísimo calor ¡y la carpa más! Encontrar un rincón agradable para sentarse era casi imposible.
Ahora, siempre que podemos, buscamos parcelas con árboles o preguntamos al camping cuáles son las zonas más frescas. Y si no hay sombra suficiente, llevamos una solución como te cuento a continuación.
No llevar tela de sombreo
En este caso hablamos de viajes en verano, pero tal y cómo está el clima esto ya es aplicable desde mayo hasta final de septiembre. Hasta nuestra primera experiencia en un camping de playa no descubrimos lo que eran las telas de sombreo ¡Y te aseguro que tenerla marca la diferencia!
Cubrir la parcela con ella, incluso por encima de la carpa y de la furgoneta, reduce bastante la temperatura, crea un espacio mucho más agradable y permite seguir disfrutando de la parcela incluso en las horas de más calor.
Desde que la utilizamos, nuestras comidas y sobremesas son muchísimo más cómodas y puedes moverte libremente por la parcela sin cocerte ¡pero cuidado! que no protege del sol.
No llevar una bolsa para ir a la ducha
Otro detalle en el que jamás había pensado. Cuando llegó la hora de ducharnos nos vimos cargando el champú, el gel, la ropa limpia, las chanclas, la toalla y el neceser cada uno por separado. ¡E imagínatelo con dos niños que en ese momento tenían 2 y 5 años!
Acabábamos olvidándonos algo casi siempre o se nos caían las cosas por el camino.
Ahora siempre tengo preparada una bolsa con asas donde colocar el neceser y lo necesario en cada momento: toalla de mano, albornoces, neceser de los niños…
Es uno de esos pequeños cambios que parecen insignificantes hasta que los pruebas. Además, la mayoría de los camping tienen ganchos en los aseos para que puedas colgarla comodamente.
Llevar pocas toallas
Antes del primer viaje pensé que con una toalla por persona y dos más tendríamos suficiente. Error. Entre la playa, la piscina y las duchas del camping estaban constantemente mojadas.
Había días en los que una seguía secándose mientras ya necesitábamos utilizarla otra vez. Desde entonces llevamos varias toallas de secado rápido. Ocupan poco espacio, pesan muy poco y se secan muchísimo antes que las tradicionales.
Además, hemos incorporado los albornoces a nuestros básicos. En invierno son una maravilla cuando vamos a la piscina climatizada, y en verano se agradecen para la ducha porque es mucho más cómodo que la toalla normal.
Llevar una carpa demasiado cerrada
Cuando compramos nuestra primera carpa pensábamos que cuanto más cerrada estuviera, mejor. Parecía una buena idea para protegernos de la lluvia. Lo que no imaginábamos era lo que ocurría cuando salía el sol…
Aquello se convertía literalmente en un horno. El aire apenas circulaba y la temperatura subía muchísimo más que en el exterior. Si a eso le sumas que en ese viaje uno de nosotros dormía dentro… Se convertía en un infierno.
La carpa que usábamos estaba genial para meses algo más frescos, pero para usarla en verano no era la mejor alternativa.
Con el tiempo aprendimos que una buena ventilación es mucho más importante de lo que parece. Ahora buscamos estructuras más abiertas, que permitan el paso del aire y resulten agradables incluso durante las horas centrales del día.
Cada viaje te enseña nuevas cosas


Lo bonito del camping es que cada viaje te hace aprender algo nuevo y no hay nada como ver los inventos que cada año incorporan los campistas. Siempre descubres un accesorio que facilita la vida, una mejor forma de organizar la parcela o un pequeño truco que hace que todo sea mucho más cómodo.
Al final, gran parte del encanto está precisamente ahí: en ir mejorando poco a poco y adaptar tu furgo a vuestra forma de viajar.
Si estás preparando tu primer viaje, mi consejo es que no te obsesiones con llevarlo todo perfecto. Es prácticamente imposible. Seguro que olvidarás algo, descubrirás que hay cosas que nunca utilizas y volverás a casa pensando: «La próxima vez lo haré de otra manera».
Y eso es completamente normal.
De hecho, estoy convencida de que todos los campistas tenemos una lista de errores parecida. La diferencia es que, después de unos cuantos viajes, esos pequeños fallos terminan convirtiéndose en anécdotas que recuerdas con una sonrisa.
Porque al final, más allá del material o de la organización, lo importante del camping sigue siendo lo mismo: disfrutar del tiempo al aire libre, desconectar del reloj, vivir más despacio y crear recuerdos que siempre apetece volver a repetir.
Nosotros recordamos nuestro primer viaje con mucho cariño. Miramos las fotos de aquel viaje y pocas cosas se han mantenido porque cada verano vamos haciendo cambios ¡Ya no tenemos ni la misma furgoneta!


