Cuidado si tu perro ama bañarse en el mar, descubre como evitar sustos
Si tu perro adora bañarse en el mar, no hay mejor plan de verano que una escapada a la playa ¡A Lucca le fascina!. Correr por la arena, perseguir una pelota entre las olas o darse un buen chapuzón son actividades que disfrutan tanto ellos como nosotros.
Sin embargo, igual que ocurre con las personas, un día de playa también puede traer algún que otro inconveniente si no tomamos unas precauciones básicas. Beber agua del mar, permanecer demasiado tiempo con la sal sobre la piel o realizar un ejercicio excesivo son situaciones relativamente frecuentes que pueden acabar con una visita al veterinario.
La buena noticia es que la mayoría de estos problemas son fáciles de prevenir. Basta con conocer los riesgos y actuar con sentido común para que nuestro perro disfrute del mar con total seguridad.
Los baños en el mar tienen muchos beneficios
Antes de hablar de los riesgos, conviene recordar que bañarse en el mar también aporta ventajas. Nadar es uno de los ejercicios más completos que puede realizar un perro, siempre y cuando su veterinario no lo haya contraindicado. Trabaja la musculatura, mejora la capacidad cardiovascular y ayuda a mantener un buen estado físico sin someter a las articulaciones al impacto que supone correr sobre superficies duras.
Además, un día de playa suele ser una excelente fuente de enriquecimiento ambiental. Los nuevos olores, las texturas, el agua, la arena y los juegos compartidos favorecen la estimulación mental y fortalecen el vínculo entre el perro y su familia.
Eso sí, como ocurre con cualquier actividad física, los beneficios aparecen cuando se practica con moderación.
El principal problema: beber agua del mar
Seguro que lo has visto alguna vez. Lanzas la pelota al agua y, mientras tu perro nada para recuperarla, empieza a tragar pequeños sorbos de agua salada casi sin darse cuenta. O quizá pertenece al grupo de los que directamente beben agua del mar cada vez que tienen ocasión ¡Incluso le pegan mordiscos!.
Aunque un pequeño trago aislado no suele tener importancia, ingerir grandes cantidades de agua salada puede provocar problemas digestivos e incluso alteraciones mucho más graves.
La elevada concentración de sal irrita el aparato digestivo y favorece la aparición de vómitos, diarrea y dolor abdominal. Además, esa pérdida de líquidos puede terminar produciendo deshidratación, especialmente durante los días más calurosos.
Cuando la cantidad ingerida es muy elevada, el exceso de sodio puede alterar el equilibrio de agua del organismo y producir una hipernatremia, una situación potencialmente grave que puede provocar desorientación, temblores, dificultad para caminar, convulsiones o incluso poner en riesgo la vida del animal.
Afortunadamente, prevenir este problema es bastante sencillo. Lleva siempre agua fresca suficiente y ofrécesela varias veces durante la estancia en la playa. Un perro bien hidratado tendrá muchas menos ganas de beber agua del mar.
También conviene hacer pausas frecuentes durante los juegos. Hay perros que entrarían al agua una y otra vez sin mostrar signos de cansancio, pero eso no significa que debamos dejarles hacerlo durante una hora seguida.
Si después de volver a casa aparecen vómitos repetidos, diarrea intensa, apatía o cualquier alteración del comportamiento, lo más prudente es acudir cuanto antes al veterinario.
Después de la playa, el baño con agua dulce

Muchas personas terminan el día de playa, secan un poco al perro con una toalla y dan por finalizados los cuidados. Sin embargo, probablemente el paso más importante llegue precisamente al volver a casa.
El agua del mar deja sal adherida al pelo y a la piel. Si además añadimos arena, humedad y calor, tenemos el ambiente perfecto para que aparezcan irritaciones cutáneas, especialmente en perros con piel sensible o con enfermedades dermatológicas previas.
La sal reseca la piel y puede favorecer el picor. La arena actúa como un irritante mecánico, sobre todo cuando queda retenida entre los dedos, en la zona inguinal o en perros con un manto muy abundante.
Además, la humedad mantenida durante horas facilita el crecimiento de bacterias y levaduras, aumentando el riesgo de dermatitis y otitis. Por eso, una de las mejores recomendaciones después de cualquier jornada de playa es aclarar bien todo el cuerpo con agua dulce.
Busca un champú de calidad para los baños de tu perro, dependiendo de su tipo de piel tal vez sea necesario bañarlo tras cada visita a la playa como nos pasa con Lucca.
Después, dedica unos minutos a secarlo correctamente, prestando especial atención a los espacios entre los dedos, los pliegues cutáneos y las orejas. Ese pequeño gesto puede evitar muchos problemas dermatológicos.
Cuidado con el exceso de ejercicio
Hay perros que parecen tener energía infinita. Corren, nadan, vuelven a correr y siguen pidiendo que les lancemos la pelota una vez más. El problema es que ellos no siempre saben cuándo deben parar.
En los centros veterinarios es relativamente frecuente atender perros que, tras un intenso día de playa, presentan cojera, rigidez muscular o una reagudización de problemas articulares que ya existían. La playa no deja de ser un entorno exigente para el aparato locomotor.
La arena blanda obliga a realizar un mayor esfuerzo muscular en cada paso. Nadar también supone un ejercicio intenso, aunque desde fuera parezca una actividad suave. Si además añadimos carreras, saltos y cambios bruscos de dirección, el esfuerzo físico puede ser considerable.
Especial atención en perros con artrosis o problemas articulares
Si tu perro padece artrosis, displasia de cadera, displasia de codo o cualquier otra enfermedad musculoesquelética, eso no significa que no pueda disfrutar del mar.
Al contrario. El ejercicio en el agua suele ser una herramienta muy útil dentro de los programas de rehabilitación y fisioterapia porque disminuye el impacto sobre las articulaciones y favorece el movimiento.
Pero una cosa es realizar un ejercicio terapéutico y otra muy distinta dejar que juegue sin control durante horas. En estos animales es preferible realizar sesiones cortas de baño, con descansos frecuentes y evitando los lanzamientos continuos de pelotas o palos que obligan al perro a realizar aceleraciones y frenadas constantes.
También es importante observar cómo se encuentra después del ejercicio. Si al volver a casa notas que camina con dificultad, se levanta con más rigidez de lo habitual o parece especialmente cansado, probablemente haya hecho más ejercicio del que podía tolerar.
Cada perro tiene un límite diferente, y respetarlo es una parte fundamental del cuidado de su salud.
Otros consejos para que tu perro pueda bañarse en el mar de forma segura
Además de todo lo anterior, hay pequeños detalles que pueden marcar una gran diferencia_
- Evita acudir a la playa durante las horas de máximo calor, ya que la arena puede alcanzar temperaturas muy elevadas y provocar quemaduras en las almohadillas.
- Procura que siempre tenga una zona de sombra donde descansar y agua fresca disponible.
- Si observas que jadea en exceso, disminuye el ritmo de juego y permite que se recupere antes de volver a la actividad.
Y, por supuesto, nunca pierdas de vista a tu perro al bañarse en el mar. Aunque muchos naden perfectamente, las corrientes, el oleaje o el cansancio pueden convertir un momento de diversión en una situación de riesgo.
Disfrutar del verano también es cuidar de su salud
La playa puede convertirse en uno de los mejores recuerdos del verano para toda la familia, también para tu perro, sobre todo si le gusta bañarse en el mar.
Con medidas tan sencillas como evitar que beban agua salada, aclarar bien su piel al terminar el baño y controlar la intensidad del ejercicio, podremos prevenir la mayoría de los problemas que vemos con frecuencia durante esta época del año.
Porque disfrutar del mar no consiste en pasar horas jugando sin descanso. Consiste en conocer las necesidades de nuestro compañero, respetar sus límites y hacer que cada salida termine igual que empezó: con un perro feliz, sano y con ganas de volver a la playa.
