visita veterinario

Aunque la mayor parte de los europeos prefiere convivir con un gato, los españoles seguimos siendo más de perros y peces: los felinos han quedado relegados a la tercera posición, por delante de las aves.

A principios de este año, RTVE publicaba un dato muy llamativo: en nuestro país, hay más perros en los hogares que niños. Los hay de todo tipo. Según su tamaño, se clasifican en toys, pequeños, medianos, grandes y gigantes, mientras que, si hablamos de razas, podemos distinguir entre shih tzu, pomerania, beagle, pastor alemán, cocker spaniel inglés…

Al margen de sus diferencias, todos tienen en común dos cosas: el amor que dan y la visita obligatoria imprescindible para vacunar, desparasitar y ponerle el chip a una clínica veterinaria en Granada o en el municipio pertinente.

Para cuidar como toca a nuestros compañeros de cuatro patas, podemos acudir a cualquiera de las 7.000 clínicas que andan repartidas por toda España. Eso sí, antes de ir, conviene informarse sobre las especialidades de la clínica y, además, preparar al perrito para su primera visita al veterinario. A continuación, te contamos cómo hacerlo.

¿Cuándo llevar al perrito por primera vez al veterinario?

La primera visita al veterinario suele realizarse cuando el perrito ha cumplido los 2 meses. Una vez allí, se le efectúa una revisión general que incluye pruebas sencillas con las que identificar el estado de salud del animal. Para ello, se comprueban los ojos, los oídos, el abdomen, el corazón, los pulmones… También se le toma la temperatura.

Si se observa algo raro, hay ocasiones en que los profesionales deciden hacer pruebas adicionales (por ejemplo: una radiografía). Una vez recopilada toda esta información, el veterinario asesora al dueño sobre los cuidados esenciales para el animal, así como sobre las vacunas y la periodicidad de las mismas.

El microchip en la primera visita

La Ley de Bienestar Animal, que es la normativa principal en la que nos tenemos que fijar los dueños de mascotas en España, ha vuelto a cambiar. El último texto, que es del pasado 2 de junio, explica cómo una de las obligaciones de los propietarios de animales de compañía es, precisamente, colocarle (en nuestro caso) al perro un microchip.

El veterinario será quien coloque este dispositivo en la piel, en la zona del cuello de la mascota ¡Tranquilo! Es un pinchacito como la vacuna. Este diminuto chisme aloja la información que permite a cualquier persona que escanee el microchip conocer el nombre, la edad, la raza, el sexo y los datos personales del dueño: nuestro nombre, la dirección y el teléfono de contacto.

Aparte de esto, la Ley de Bienestar Animal también exige que las mascotas sean dadas de alta en el Registro de Animales de Compañía de cada autonomía; una labor que también gestiona el veterinario.

¿Qué hacer si el perrito es adoptado?

Si el perrito que llevamos por primera vez al veterinario ha sido adoptado, es muy posible que su microchip contenga aún los datos del dueño anterior (si es que alguna vez ha tenido dueño) y que tenga ya algunas vacunas puestas.

En caso de ser así, el propio veterinario se ocupa de actualizar los datos del microchip con los del nuevo dueño, y de comprobar las vacunas que aún hay que administrarle al perrito en función de las que ya tiene puestas.

Para esto último, hace falta que el actual dueño acuda al veterinario con la cartilla sanitaria del perrito. En cambio, para modificar los datos del microchip (cuando el perrito cambia de dueño), es menester que el anterior propietario también se persone en la clínica o presentar cierta documentación.

¿Cómo preparar al perrito?

Para evitar que la primera visita al veterinario, una experiencia que condicionará las siguientes visitas, se convierta en un trauma, el dueño puede aplicar estos trucos:

  1. Unos días antes de llevarlo a la visita decisiva, podemos dejarnos caer por el veterinario junto a él sólo de visita (pero cuidado si no lleva las vacunas, no deberá tocar el suelo en zonas donde frecuenten otros perros). De este modo, comenzaremos a establecer una asociación positiva entre la clínica veterinaria y el perrito.
  2. El mismo día de la revisión veterinaria, podemos reforzar esta positiva asociación anterior comprándole un juguetito o premiándole con snacks para cachorros después de la visita. Es un modo de recompensarle, por haberse sido tan valiente.
  3. En lugar de utilizar un transportín, podemos llevar al perrito (aprovechando que aún es un cachorro) en brazos. Así sentirá nuestro contacto humano, lo que aumentará su seguridad. En caso de tenerlo que llevar en transportín, cubriríamos la base (el suelo) con alguna mantita acolchada y revestida con alguna prenda que lleve nuestro olor. Así, estará cómodo y se sentirá más confiado.
  4. Como sus responsables, es muy importante permanecer tranquilos. Si nosotros no estamos calmados, el animal lo percibe: capta el nerviosismo y comienza a inquietarse.
  5. Colaborar con el veterinario es otra forma de aliviar el estrés que la revisión de rigor suele producir en las mascotas. Sujetarlo en brazos para que el veterinario le coloque la vacuna por detrás (sin que el perrito vea la aguja), y hablarle durante todo el proceso (para que oiga nuestra voz diciéndole «muy bien», «así se hace»), también ayuda.
  6. Algunos dueños utilizan feromonas. Estas sustancias, que los humanos también generamos, las produce el cuerpo de manera natural. Son sustancias que influyen en el comportamiento del otro, que es quien las capta. Las feromonas para perros han sido diseñadas para asemejarse a las que la madre emite en los días posteriores al parto, las cuales apaciguan al cachorro.

De cualquier forma, ¡No te preocupes! Los veterinarios están acostumbrados a estas situaciones y suelen ser muy cuidadosos con nuestros compañeros de cuatro patas.

por Celia

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